
Se te venció el certificado digital: qué pasa con las facturas que ya emitiste
La pregunta que más nos llega. Las facturas emitidas antes del vencimiento siguen siendo válidas; el problema es lo que viene después.
Paquetes de 5, 10 y 20 certificados, precio por unidad decreciente y ninguna inversión en inventario. Cómo funciona el programa.

Un contador con cartera de clientes hace el mismo trámite treinta veces al año, y cada vez lo hace para el proveedor de otro. Es trabajo que ya está haciendo, sin margen.
El programa de revendedores existe para eso: que ese trabajo tenga precio.
Compras un paquete de certificados por adelantado —5, 10 o 20— y los vas asignando a tus clientes según los necesitas. El precio por unidad baja con el tamaño del paquete.
No hay stock físico ni caducidad del paquete: el certificado se emite cuando lo asignas, con la vigencia contada desde ese día.
La cuenta es sencilla: si tramitas más de cinco certificados al año, el paquete de cinco ya sale mejor que ir uno a uno. A partir de veinte, la diferencia por unidad es la que hace que merezca la pena montar el servicio.
El error habitual es comprar el paquete grande de entrada. Conviene empezar por el de cinco, ver cómo encaja en tu forma de trabajar y subir después: los paquetes no caducan, pero el dinero adelantado sí tiene coste de oportunidad.
Quien revende certificados suele acabar revendiendo también el facturador, porque es la pregunta siguiente del cliente. Ahí es donde el margen se compone: el certificado es anual, el facturador es recurrente.

La pregunta que más nos llega. Las facturas emitidas antes del vencimiento siguen siendo válidas; el problema es lo que viene después.

Antes había que ir presencialmente con los papeles. Hoy el trámite es por videollamada y firma electrónica. Esto es lo que pasa en cada paso.

La diferencia no está solo en el precio. Está en cuántas veces al año vas a parar la facturación para hacer un trámite.